Ese momento en el que redactas un mail en tu maravilloso gmail decorado con muñequitas que comen helados de colores con ojos en cualquier época del año y, en vez de dar a enviar, pinchas en un banner. Pero no, no es un banner cualquiera, NO. Es de esos que te cortan el desayuno y te ponen mal cuerpo para el resto del día.

La publicidad en cuestión es sobre coronas funerarias, si, así tal cual, sin pudor. Tú te equivocas, haces click y llegas a un ultra retro universo rosa de coronas funerarias plantificadas en una web de tipografía imposible.

Y me da igual el hecho de que la web sea como para morirse, previo encargo de las flores, eso sí, lo que me corroe el alma es que en mi gmail buen rollero elegido aposta para hacerme más dulces los mails de trabajo me aparezca esa publi. ¿Soy el target? ¿Voy a necesitar una corona de flores que no sea para ponerme en la cabeza? ¿Si la necesitara la compararía en esa página web de tipografía con olor a alcanfor?

Odio a muerte a la muerte, como todo hijo de vecino, pero es que, además, me parece tétrico todo lo que acarrea, incluidas las coronas de “no te olvidaremos”. En fin, que esa ya es otra historia.

Trabajemos en paz.