Hay preguntas que no es fácil responder, por eso me tomo mi tiempo y recorro el sendero de baldosas amarillas despacio, mirando para los lados por si algún día aparece el de baldosas rosas con purpurina (mi interior se ha tragado hoy a un pequeño poni y sólo hace que escupir gominolas de colores). Mientras averiguo mi vocación definitiva, pongo por testigo este breve texto que escribí hace algunos años y que demuestra que tengo alma de artista de variedades. ¿Por qué elegir ser algo cuando puedes ser todo?

De mayor quiero ser una princesa con la boca de fresa, un león con piel de melocotón, un lápiz de mil colores, un jardín lleno de flores, una página en blanco, un cuento de los de antaño, un tren lleno de sonrisas, una cajita con risas, una lágrima en el mar, una calle en San Sebastián, el murmullo de una sirena, canelones de los de mi abuela, una cerilla encendida, un reloj que marche a cuerda, un cuco que de las doce, una lámpara de estrellas, un cascabel que busque dueña, una dueña que busque aire, un aire que busque sueños, un sueño del que no guste despertarse.

Un vestidito de seda, un anillo de diamantes, una casita encantada, agua que corre clara. Una mirada curiosa, un helado de menta, una niña caprichosa, una ventana abierta, un muro derribado, un cariño construido, un cuaderno de palabras, un ruido que esté prohibido, la libertad con sus alas, la tristeza con su alegría, la comida con patatas y la música compartida.

Una guitarra sin cuerdas, un tacón al infinito, una playa de las de arena. Acantilado abrupto, bosque salvaje, ciudad ruidosa, habitación color rosa. Pan de hogaza, leña en el fuego, gafas sin cristales, guantes de terciopelo. Lluvia mojando el asfalto, un jardín lleno de flores, un lápiz de mil colores, un melocotón que se come a un león, una princesa con la boca de fresa, que ríe, que piensa, que sueña, que llora, que vive, que sufre, que duda que quiere ser de mayor.

¡Qué gran poetisa se ha perdido el universo! Ahora soy más de lírica folclórica.