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Noche de Reyes por La Bien Pagá

“El momento GQ de tu vida”

Ascensor del Palacio de Congresos, silencio absoluto, estoy temblando, visto un traje de Dior y tengo un Goya en mis manos…Pero también…Pasillo de casa de mis padres, voy en pijama y soy el tercero en una cola que se repite desde hace más de veinticinco años, me dirijo junto a mis hermanos al salón a ver si los Reyes Magos han dejado algo.”

            Quim Gutierrez

Lo del ascensor del Palacio de Congresos con un Dior y un cabezón no me ha pasado nunca, pero tiempo al tiempo, sin embargo estar en el pasillo de mi casa muerta de nervios e ir habitación por habitación anunciando que han llegado los Reyes Magos es requisito indispensable en la mañana del 6 de Enero, porque yo siempre he sido de los Reyes. Es como cuando te preguntan que de quién eres, si del Barcelona o el R. Madrid, de vino o de cerveza, de Burger King o de McDonald, etc. Pues yo lo tengo claro, por muy simpático que sea el señor gordito de barba blanca sigo fiel a los Tres Magos, vengan de Oriente, de Sevilla o de la mismísima China.

Los mayores se empeñan en que la Navidad, en general, y los Reyes Magos, en particular, son cosa de niños y que por el mero hecho de pasar una determinada edad ya no se puede disfrutar, reír, ilusionarse, ponerse nerviosa, irse a la cama pronto y levantarse casi de madrugada para abrir los paquetes que sus majestades han dejado. Ese empeño no es más que pura envidia, así que mi consejo es que tengamos la edad que tengamos seamos niños por un día, la vida se ve mucho mejor y se disfruta el doble.

No se si he sido buena o mala, pero ya lo dice la canción ¿Quién iba a decir que sin carbón no hay Reyes Magos?

Buenas noches y buenos Reyes.

Noche de Reyes por La que desafía a Murphy

Si hay un día mágico en las Navidades ese es el de la noche de Reyes, esas horas antes de la llegada en las que el estómago tiene hormigas y todo está por delante. Los momentos previos son los mejores, cuando la cabeza imagina toda las posibilidades, incluso las más descabelladas. Hace ya bastantes años, recuerdo que ya estaba metida en la cama y bien callada para que sus majestades aparecieran, no hacía más que oir cascabeles en el pasillo, era como si un gato estuviera recorriendo la casa-madre de arriba a abajo. La cosa es que mi madre les tiene tanto repelús que es como una especie de alergia brutal. Yo soñaba con que al despertarme le vería allí, peludo animal, con sus cascabeles y sus ojitos de querer, aunque en el fondo sabía que eso era imposible. Al final el gato se convirtió en un precioso envoltorio de tela lleno de cascabeles que contenia un gran elefante de peluche. Quise mucho a ese elefante, casi tanto o más que si hubiera sido un gato.

Desde que soy pequeña siempre hay un regalo que ansio por encima de los otros. El juego consiste en que mi hermana me despierta a horas indecentes de la mañana, me arrastra hasta el salón, nos quedamos boquiabiertas con la cantidad de paquetes y lo bonitos que están envueltos y vamos abriendo uno cada una con cuidado de no descubrir el GRAN REGALO hasta el final, ese regalo que nos ilumina la cara con una gran sonrisa. El Baby Feber, la mansión de Polly Pocket, la casita del Nenuco, el abrigo peludo, la Sindy hippie, el camafeo, la casa de Playmobil, la bicicleta que me recordo como montar…

Este año haré lo mismo. Aunque ya no soy tan niña me resito a pensar que esta noche no es cosa de mayores. ¿Quién dijo que después de un spoiler no puedes disfrutar de la película?

P.D: Gracias a mis tres Reyes Magos.

A Melchor por estar conmigo desde el principio de los tiempos haciendo que cada año esta fecha sea más especial. Consigues que esta noche y la mañana del día 6 vuelva, cada 365 días, a ser la niña del quiqui ladeado y el flequillo de buena.

A Gaspar, porque desde que nació es la cosa exótica más bonita que conozco, sabe lo que me gusta mucho antes de que yo ni siquiera lo vea y consigue que suelte la lagrimita las mañanas de Reyes.

A Baltasar, porque aunque llega el último desafia con su camello a las distancias para verme feliz y es capaz de dejarse los pulmones hinchando globos de colores. Me encanta que entiendas mis caprichos de niña y para ti no sea una adulta este día.