housewife

No tengo ni idea de cocinar pero a la fuerza ahorcan, que dijo aquel. Me encanta ver a esa gente que ni se despeina mientras prepara unos dulces de chuparse hasta el meñique y que encima consiguen hacerlo todo bonito, manteniendo la cocina reluciente y con una enorme sonrisa en los labios.

Soy una frustrada housewife divina de los años 50, de esas que cocinaban hasta con las pestañas potizas puestas (nota: comprar pestañas postizas) No me malentendáis, por favor, que nada de lo que aquí escriba os haga pensar que adoro las tareas del hogar porque no es así, me parecen feas y traicioneras.

Si, si, traicioneras porque como ya dije “previously in desafiando a murphy” soy muy patosa. Mucho. De verdad. Tengo heridas de guerra del horno, siempre pongo la lavadora cuando llueve y lleno la cocina de agua al fregar los cacharros (oye, que no todo el mundo tiene lavavajillas).

Lo bueno de ser un pequeño desastre con patas es:

Uno: acabas conociendo muchos sitios chulos a los que ir a llenar el estómago cuando la nevera es un desierto de arena, pena.

Dos: aprendes a cocinar recetas de posguerra que quedan apañadas y vistosas con sólo 3 ó 4 ingredientes sueltos y variopintos que logras encontrar en la cocina.

Si en las recetas saladas tengo un pase torero de vez en cuando, si me hablas de dulce no paso de “cocinar” tableta de turrón de Suchard en invierno y helado de tarrina XL en verano. Así que, amigas mías que sabéis hacer dulces (vosotras sabéis quienes sois) contadme unos trucos y consejos, por caridad.

Como compartir es vivir y necesito urgentemente que mi cocina huela a bollos y pan recién hecho (sí alguien sabe hornear tan delicioso manjar que me informe, por favor) hoy os hablaré de dos sitios en los que llenarse la barriga y quedar satisfechísimo y os daré una receta de posguerra a ver si el karma me recompensa convirtiéndome en una buena cocinera.

Comida sabrosa en Madrid: “Los olvidados”

Este sitio me lo descubrió una gallega salerosa. Tiene sillas de metal desgastadas y un tartar de atún que quita el sentío. ¿Más razones? La gente que te atiende no puede ser más maja, es pequeñito, hogareño y uno de esos lugares de la capital que tienen rollo.

Cena cariñosa en Madrid: “Bar Amor”

Mesa amorosa, por la noche doble amorosa

Nada de citas en restaurantes hiper-mega caros con pianista o cuarteto de cuerda con olor a pedida de matrimonio. Sitio recogidito con pocas mesas, dos de ellas pegadas a la ventana que son…¡Cómo son! Para una velada de mimos y buena comida en una de las zonas más chulas de la ciudad. De postre pedid el coulan de chocolate, ¡orgásmico! El personal también merece una muy buena nota.

Si vais, resevad, es pequeño y se llena (si es para deciros cosas cursis pedid una de las mesas de la ventana). Por cierto, este descubrimiento va de la mano de “La bien pagá” con la cual cené allí tan ricamante aunque sin romanticismo.

Receta de posguerra en cualquier parte: Sopa a lo pobre (que no sopa de sobre)

Ingredientes para 2 personas:

2 tomates maduros
1 puerro
2 puñaditos de fideos finos
Aceite
Pimienta
Sal
Agua

Pones a hervir agua en un cazo u olla pequeño, que quepan unos 4 vasos de agua. Viertes el líquido elemento y añades el puerro muy troceado, los dos tomates cortados en mitades, sal y un chorritín de aceite. Lo dejas a fuego lento, que se vaya haciendo poco a poco. Cuando hierva añades un pellizco de pimienta y un poco más de agua si fuera necesario. Puede tomarse en modo caldo o, cuando el caldo tenga la concentración de sabor deseada, incluir uno o dos puñados de fideos. Si, además, tienes un vino blanco dulce, un chorrito le va de lujo.

Antes de servir retirar el tomate y cortarlo en pedacitos. Vuelves a juntarlo todo y echas la rica sopa en un bol blanco (así luce más). Comer con cuchara de lunares.

¡Buen provecho!